Un ajuste de enfoque sobre la pieza central del número anterior, con notas de taller y una reseña que se movió de lugar.
Cuando cerramos el número 13, la pieza central sobre memoria y paisaje quedó armada con una estructura que en su momento nos pareció sólida: tres bloques cronológicos, un cierre con la casa vacía y una coda sobre el oficio de escribir. Al releerla en voz alta durante la reunión de redacción, notamos que el segundo bloque repetía lo que ya estaba dicho en el primero con otras palabras. No era un problema de estilo, era un problema de orden.
La decisión fue mover la entrevista con la traductora húngara al centro del número y dejar el ensayo como apertura. Eso obligó a recortar unas cuatro páginas del texto original y a reescribir la transición entre el cuaderno de cuentas de los años sesenta y la marca de la puerta repintada. Lo que ganamos fue ritmo: el lector llega antes al núcleo del asunto.
Tres cambios concretos en esta entrega
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Reordenamos las reseñas
La crítica de traducción poética pasa al segundo lugar. La reseña de la novela breve se queda al final, porque funciona mejor como cierre de número.
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Ajustamos la columna de correspondencia
La carta desde Oaxaca se publica sin las notas al pie que traía. El contexto va dentro del cuerpo, no aparte.
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Cambiamos el orden de los borradores comentados
Los suscriptores reciben primero la versión marcada por la editora y después la limpia. Antes era al revés y generaba confusión.
Nada de esto responde a una urgencia de calendario. Responde a algo más simple: leer el número completo antes de mandarlo a imprenta y aceptar que lo que funcionaba en el número anterior puede no funcionar aquí. El cuaderno impreso sale con la misma paginación, pero el índice cambió de orden.